Toda generación de la iglesia recibe el mismo encargo y la misma tentación. El encargo es «contender ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos» (Judas 3). La tentación es doble: por un lado, el error que tuerce el evangelio; por el otro, el cansancio que ya no quiere estudiar, examinar ni transmitir. En las Asambleas de Dios, esa fe una vez dada se ha confesado, desde 1916, en una Declaración de Verdades Fundamentales que no pretende agotar toda la verdad bíblica, pero sí «abarca nuestra necesidad tocante a estas doctrinas fundamentales» (Concilio General de las Asambleas de Dios [CGAD], s. f., preámbulo). El Seminario Bíblico de las Asambleas de Dios de Guayaquil (SEBAD-G) y la Conferencia Evangélica de las Asambleas de Dios del Ecuador (CEADE) existen, entre otras razones, para que esa confesión no se diluya. Este artículo sostiene que la educación teológica es un medio de fidelidad: protege el evangelio completo tanto del error explícito como del minimalismo formativo que deja a los obreros desarmados.
El depósito sagrado: más que un lema de aula
Pablo no trata la doctrina como un accesorio. A Timoteo le dice: «Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús. Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros» (2 Timoteo 1:13-14). Hay un depósito (parathḗkē): algo recibido, no inventado. Hay una forma o patrón de palabras sanas: no cualquier vocabulario sirve. Y hay un modo de guardarlo: «por el Espíritu Santo». Otra vez, Espíritu y doctrina juntos.
«Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren» (1 Timoteo 4:16). El apóstol une la vida del ministro y el contenido que enseña. Un seminario que solo puliera habilidades comunicativas y no vigilara la doctrina estaría desobedeciendo este versículo. Una iglesia que solo vigilara la moralidad pública y no la enseñanza estaría igualmente incompleta.
Tito 1:9 exige que el anciano retenga «la palabra fiel tal como ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana doctrina y convencer a los que contradicen». La educación teológica produce, en el mejor de los casos, esa triple competencia: retener, exhortar, convencer. Sin ella, el error entra por la puerta de la buena voluntad.
El preámbulo de la Declaración recuerda que la Biblia es «nuestra regla suficiente de fe y conducta» y que la fraseología humana de los artículos «no es inspirada», pero «la verdad que se presenta se considera esencial para un ministerio del evangelio completo» (CGAD, s. f.). Esa distinción es saludable. No idolatramos un documento; nos sometemos a la Escritura. Y, al mismo tiempo, no tratamos las verdades fundamentales como opiniones negociables de temporada. Fueron escritas para que «todos hablemos una misma cosa» (1 Corintios 1:10; Hechos 2:42).
Por qué las Asambleas de Dios escribieron una confesión
Las dieciséis verdades que hoy se enseñan «son esencialmente las mismas Verdades Fundamentales que se establecieron en 1916» (Distrito Hispano del Este de las Asambleas de Dios, s. f.). Aquel año, la confraternidad naciente debió articular con claridad la doctrina de la Trinidad frente a la controversia unicitaria —el llamado «nuevo asunto»— que negaba la distinción eterno del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. El artículo 2 de la Declaración, con su exposición extensa sobre las personas de la Deidad, no es un lujo especulativo: es un muro de protección (CGAD, s. f., art. 2; Mateo 28:19; 2 Corintios 13:14; Juan 14:16-17).
Esa lección fundacional vale para el Ecuador de 2026. El error rara vez se presenta como error. Se presenta como «revelación fresca», «sencillez» o «unidad». La educación teológica enseña a probar los espíritus (1 Juan 4:1-3) y a no recibir a quien no trae la doctrina de Cristo (2 Juan 9-10). No se trata de cazar herejes por deporte. Se trata de no entregar el rebaño a otro evangelio (Gálatas 1:6-9).
Myer Pearlman (1937) escribió para que los obreros de las Asambleas de Dios conocieran las doctrinas de la Biblia. El título inglés de su obra —Knowing the Doctrines of the Bible— es un programa de fidelidad. No basta sentir que se cree. Hay que saber qué se cree y por qué la Escritura lo sostiene. El SEBAD-G, al llamarse seminario bíblico, se coloca en esa línea: la norma es el texto inspirado, no la moda del púlpito.
El evangelio completo que hay que proteger
Las Asambleas de Dios no predican un evangelio recortado. Cuatro verdades han sido llamadas, en la vida de la confraternidad, doctrinas cardinales: la salvación, el bautismo en el Espíritu Santo, la sanidad divina y la segunda venida. Están sostenidas por el resto de los dieciséis artículos. Resumirlas aquí no es un desvío: es nombrar el contenido que el minimalismo más rápido olvida.
La salvación del hombre. La única esperanza de redención es la sangre de Jesucristo. Se recibe por arrepentimiento hacia Dios y fe en el Señor Jesús. El creyente es hecho hijo por el lavamiento de la regeneración, la renovación del Espíritu y la justificación por la gracia mediante la fe (CGAD, s. f., art. 5; Romanos 10:13-15; Efesios 2:8; Tito 3:5-7). La evidencia interna es el testimonio del Espíritu; la externa, una vida de justicia y santidad (Romanos 8:16; Efesios 4:24). El Presbiterio General de las Asambleas de Dios (2017) ha reafirmado que la seguridad del creyente depende de una relación viva con Cristo, y ha desaprobado tanto la seguridad incondicional que hace imposible la apostasía como una inseguridad que obliga a «salvarse» cada domingo. El obrero formado predica gracia, no terror; y predica perseverancia, no presunción.
El bautismo en el Espíritu Santo. Todos los creyentes tienen derecho a recibirlo y deben buscarlo. Es distinto y subsecuente al nuevo nacimiento. Trae poder para el servicio. Su evidencia física inicial es hablar en otras lenguas como el Espíritu dirija (CGAD, s. f., arts. 7-8; Hechos 1:8; 2:4; Presbiterio General de las Asambleas de Dios, 2010). Tennison (2024) ha subrayado que esta doctrina debe entenderse, no solo afirmarse, y que su propósito es el testimonio, no el espectáculo.
La sanidad divina. Es parte integral del evangelio. La liberación de la enfermedad ha sido provista en la expiación y es privilegio de los creyentes (CGAD, s. f., art. 12; Isaías 53:4-5; Mateo 8:16-17; Santiago 5:14-16). El Presbiterio General de las Asambleas de Dios (2010) ha sostenido que esta afirmación es bíblicamente sólida. Enseñar sanidad no es prometer un talismán ni negar la soberanía de Dios; es orar la oración de fe y dejar los resultados en las manos del Señor.
La esperanza bienaventurada. La resurrección de los muertos en Cristo y su arrebatamiento con los que vivan es la esperanza inminente de la Iglesia (CGAD, s. f., art. 13; 1 Tesalonicenses 4:16-17; Tito 2:13). La segunda venida incluye ese rapto y el regreso visible de Cristo para reinar mil años; habrán juicio final y cielos nuevos y tierra nueva (CGAD, s. f., arts. 14-16; Apocalipsis 20:1-6, 11-15; 2 Pedro 3:13). El Presbiterio General de las Asambleas de Dios (2024) ha reafirmado la escatología premilenial de la confraternidad y ha advertido que no debemos ocuparnos de detalles que la Declaración no fija. Fidelidad no es especulación.
A estas doctrinas cardinales se suman la inspiración de la Escritura, la Trinidad, la deidad de Cristo, la caída, las ordenanzas, la santificación progresiva, la Iglesia y su misión, y el ministerio (CGAD, s. f., arts. 1-4, 6, 9-11). El «evangelio completo» no es un lema publicitario. Es este conjunto. Recortarlo es ya un error.
Dos frentes: el error que añade y el minimalismo que resta
El error que añade o tuerce
El Nuevo Testamento nombra desviaciones que siguen vigentes. «Habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras» (2 Pedro 2:1). Algunos predican «otro Jesús», «otro espíritu», «otro evangelio» (2 Corintios 11:4). La educación teológica entrena el oído.
En el contexto pentecostal latinoamericano, varios desvíos merecen mención pastoral, sin caricatura:
El unicitarianismo niega la Trinidad y rebautiza «en el nombre de Jesús» como si Mateo 28:19 fuera un error. Las Asambleas de Dios lo rechazan de raíz (CGAD, s. f., art. 2).
El cesacionismo afirma, contra Hechos y contra 1 Corintios 12–14, que los dones y el bautismo en el Espíritu ya no son para la iglesia. La Declaración no deja lugar a esa tesis (CGAD, s. f., arts. 7-8, 10, 12).
La prosperidad extrema convierte la fe en una palanca de enriquecimiento y hace de la ofrenda un pago. Olvida que el Hijo de Hombre no tuvo dónde recostar la cabeza (Lucas 9:58), que la piedad con contentamiento es gran ganancia (1 Timoteo 6:6-10) y que el evangelio es Cristo crucificado, no un contrato de éxito.
El emocionalismo sin Escritura mide la presencia de Dios por el volumen o por el llanto, y despacha la doctrina como «letra que mata». Pero la letra a la que Pablo se refiere en 2 Corintios 3:6 es la ley como pacto de condenación, no el estudio bíblico. El mismo apóstol mandó ocuparse en la lectura (1 Timoteo 4:13).
El legalismo añade obras a la justificación y roba la paz del justificado. Efesios 2:8-9 permanece: por gracia, por medio de la fe, no por obras. Las obras siguen a la salvación como evidencia, no como precio (Efesios 2:10; Tito 2:11-12).
Ninguno de estos errores se vence con un lema. Se vencen con expositores formados.
El minimalismo que resta
Hay otro peligro, más educado y por eso más difícil de denunciar: el minimalismo formativo. Consiste en reducir la preparación del obrero a lo estrictamente «útil» —cuatro técnicas de predicación, un poco de liderazgo, tres historias de impacto— y en tratar la doctrina como un obstáculo para el crecimiento numérico.
El minimalismo dice: «lo importante es el corazón». El corazón es, en efecto, decisivo (Proverbios 4:23). Pero Jesús manda amar a Dios también con la mente (Mateo 22:37). Un corazón sincero puede predicar con error, y el error hiere a los sinceros.
El minimalismo dice: «la gente no aguanta teología». Hechos 2:42 dice que los convertidos perseveraban en la doctrina de los apóstoles. El problema no es que la teología sea pesada; es que a veces se enseña sin unción, sin claridad y sin aplicación. La respuesta es mejor enseñanza, no menos contenido.
El minimalismo dice: «ya tenemos la unción». El artículo anterior de esta serie ha respondido. Aquí basta recordar que Timoteo, hombre de don carismático, debía retener las sanas palabras (2 Timoteo 1:13-14; 1 Timoteo 4:14).
El minimalismo dice: «el seminario es para los que van a ser profesionales». El SEBAD-G afirma, por el contrario, que es semillero para «todos aquellos que tienen un llamado para servirle» y que ofrece capacitación continua (SEBAD-G, s. f.-a). El llamado no es una profesión de élite. Es un encargo que exige formación.
Cuando el minimalismo se instala, la iglesia pierde memoria. Una generación afirma las dieciséis verdades. La siguiente las resume en cuatro frases. La tercera ya no sabe por qué no es unicitaria, ni por qué ora por los enfermos, ni por qué espera el arrebatamiento. Oseas 4:6 no es solo un lamento antiguo: «Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento».
La educación teológica como disciplina de protección
Judas 3 no invita a un espíritu pendenciero. Invita a una contienda por la fe, no por el ego. El modo ordinario de esa contienda es la enseñanza. «Lo que has oído de mí… encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros» (2 Timoteo 2:2). La cadena se rompe cuando una generación decide que la transmisión es demasiado lenta.
El SEBAD-G nació, según su propia memoria y la de la CEADE, de clases para obreros en 1964 y del Instituto Bíblico de 1965, en el mismo suelo donde la predicación había ganado almas (SEBAD-G, s. f.-b; CEADE, s. f.). Esa proximidad entre cosecha y aula es el antídoto contra dos aristocracias: la del evangelista que desprecia al maestro y la del maestro que desprecia al evangelista. La fidelidad doctrinal necesita a ambos.
La misión de la CEADE —predicar el evangelio en el poder del Espíritu, con responsabilidad social basada en la Palabra— y su visión de formar líderes y cuidar ministros (CEADE, s. f.) son, ellas mismas, un programa anti-minimalista. No se puede cuidar a un ministro dejándolo sin doctrina. No se puede impulsar a las nuevas generaciones dándoles solo eslóganes.
El rector Francisco Robles ha pedido una comunidad pentecostal de sujetos reflexivos y críticos, que levanten interrogantes para reafirmar el compromiso con la fe y el llamado (SEBAD-G, s. f.-b). Preguntar no es traicionar. Preguntar con la Biblia abierta es el método de Berea (Hechos 17:11). Un seminario que prohíbe la pregunta fabrica repetidores. Un seminario que no ancla la pregunta en la Escritura y en la confesión de la confraternidad fabrica escépticos. La fidelidad camina en el centro.
Cómo se guarda el depósito en la práctica ecuatoriana
En el seminario. Los planes de estudio deben seguir dando peso real a Biblia, teología sistemática, hermenéutica, historia de la iglesia y de las Asambleas de Dios, ética ministerial y práctica pastoral. Recortar «lo doctrinal» para dar más «liderazgo» es sembrar una cosecha de administradores sin evangelio. Los profesores deben ser, como pide Tito 2:7, ejemplo de buenas obras y de integridad. El estudiante debe saber que un examen de doctrina no es un rito hostil: es un acto de amor al futuro rebaño.
En la iglesia local. El púlpito es cátedra. No el único lugar de enseñanza, pero sí el más visible. Una serie expositiva sobre Romanos o sobre las Verdades Fundamentales forma más que diez campañas de eslóganes. La Escuela Dominical, el discipulado de nuevos creyentes y la preparación de obreros son el seminario cotidiano. El pastor que envía llamados al SEBAD-G está protegiendo su propia obra.
En los presbiterios y credenciales. Las Asambleas de Dios, en su tradición, no han exigido un título secular como condición absoluta para el ministerio, pero sí han exigido conocimiento de la Biblia, de las doctrinas de la confraternidad y de la práctica ministerial. Esa exigencia no es burocracia: es Judas 3 hecho procedimiento. Examinar a un candidato con seriedad es un acto de piedad.
En la piedad personal del obrero. La doctrina que no se ora se vuelve arma. La doctrina que se ora se vuelve pan. 2 Timoteo 2:15 pide diligencia delante de Dios, no delante de un tribunal humano. El obrero aprobado se avergüenza menos de un examen suspendido que de un texto torcido.
En el tono. La fidelidad no necesita estridencia. «El siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido» (2 Timoteo 2:24). Se corrige al que se opone «con mansedumbre» (2:25). Un seminario pentecostal que forme polemistas iracundos habrá perdido el carácter del evangelio que defiende.
Conclusión
El error no espera. El minimalismo tampoco. Ambos avanzan cuando la iglesia decide que formar es demasiado costoso, demasiado lento o demasiado «académico». Las Asambleas de Dios del Ecuador no pueden darse ese lujo. Recibieron un evangelio completo —Trinidad, salvación por gracia, bautismo en el Espíritu, santidad, sanidad, esperanza bienaventurada, misión al mundo— y lo recibieron para transmitirlo.
Retener la forma de las sanas palabras es obra del Espíritu Santo y de obreros que estudian. El SEBAD-G, semillero de siervos, y la CEADE, conferencia que predica en el poder del Espíritu y se afirma en la Palabra, están llamados a esa doble obediencia. Si la cumplen, el Ecuador tendrá iglesias menos vulnerables a los vientos de doctrina (Efesios 4:14) y más apasionadas por Cristo. Si la descuidan, el nombre pentecostal podría permanecer en el letrero cuando el depósito ya se haya extraviado.
Que Dios nos dé, en esta generación, no solo voz, sino doctrina; no solo fuego, sino forma; no solo celo, sino conocimiento. Y que ese conocimiento, lejos de hinchar, nos haga siervos (1 Corintios 8:1; Marcos 10:43-45).
Referencias
Concilio General de las Asambleas de Dios. (s. f.). Declaración de verdades fundamentales. https://ag.org/es-ES/beliefs/Statement-of-Fundamental-Truths
Conferencia Evangélica de las Asambleas de Dios del Ecuador. (s. f.). Sobre nosotros. https://ceade.ec/sobre_nosotros
Distrito Hispano del Este de las Asambleas de Dios. (s. f.). Verdades fundamentales. https://spanisheasterndistrictag.org/recursos/verdades-fudamentales/
Pearlman, M. (1937). Knowing the doctrines of the Bible. Gospel Publishing House.
Presbiterio General de las Asambleas de Dios. (2010). Baptism in the Holy Spirit [Documento de posición]. https://ag.org/Beliefs/Position-Papers/Baptism-in-the-Holy-Spirit
Presbiterio General de las Asambleas de Dios. (2010). Divine healing [Documento de posición]. https://ag.org/Beliefs/Position-Papers/Divine-Healing
Presbiterio General de las Asambleas de Dios. (2017). The assurance of salvation [Documento de posición]. https://ag.org/Beliefs/Position-Papers/Assurance-Of-Salvation
Presbiterio General de las Asambleas de Dios. (2024). Premillennial eschatology [Documento de posición]. https://ag.org/beliefs/position-papers/premillennial-eschatology
Santa Biblia Reina-Valera 1960. (1960). Sociedades Bíblicas Unidas.
Seminario Bíblico de las Asambleas de Dios de Guayaquil. (s. f.-a). Seminario Bíblico de las Asambleas de Dios – Guayaquil. https://sebad-gye.org/
Seminario Bíblico de las Asambleas de Dios de Guayaquil. (s. f.-b). Sobre nosotros. https://sebad-gye.org/sobrenosotros/
Tennison, A. (2024, 21 de agosto). Lo que creemos sobre el bautismo en el Espíritu Santo. Influence Magazine. https://influencemagazine.com/es-ES/Practice/What-We-Believe-About-Spirit-Baptism



